domingo, 6 de febrero de 2011

El poder del perro / Don Winslow

Vuelto de vacaciones, traigo más panza y nuevas lecturas bajo el brazo.
Se va la primera.

Más ladra que muerde

Puntaje
Lector Enfermo: 7.5
Lector Sano:      8.3

Dicen que esta novela de más de 600 páginas traída por la colección
Roja y Negra de Editorial Mondadori es El Padrino del narcomex. Es decir: después de casi cuarenta años llegó el momento que Don Corleone vaya al dentista para mejorar su mandíbula y ya que está actualice también sus negocios: el mundo ha cambiado.

A eso se dedica Winslow: a actualizar a El Padrino dando cuenta del tráfico de cocaína, que tiene su origen en Colombia, que va para México como antesala a su destino favorito tras la frontera: EEUU.


Se nota la cantidad de información que uno supone cierta colándose en el argumento de El poder del perro. Hay también críticas que parten del sentido común para cuestionar la política combativa del gran país norteño (y no es Bolivia).
Como muestra, muestro:


“...dos tercios de los delitos no relacionados con las drogas de Estados Unidos son cometidos por gente colocada con droga o alcohol. Y nuestras soluciones son las mismas no-soluciones inútiles de siempre: construir más cárceles, contratar más policías, y gastar más y más miles de millones de dólares en no curar los síntomas, al tiempo que hacemos caso omiso de la enfermedad. La mayoría de la gente de mi profesión que quiere dejar las drogas no puede permitirse los programas de tratamiento, a menos que tenga una mutual privada, de la que carece la mayoría. Y hay una lista de espera de entre seis meses y dos años para conseguir una cama en un programa de tratamiento subvencionado. Estamos gastando casi dos mil millones de dólares envenenando cosechas de cocaína y, de paso, a los niños de allí, mientras que en casa no hay dinero para ayudar a alguien que quiere dejar las drogas. Una locura”.

¿Es un libro de denuncia? No no. Pero al seguir la ruta de la droga en el tramo señalado, y mostrar las implicancias de los poderes políticos y económicos, bueno, está denunciando lo que ya todos sabemos pero que después de leerlo, sabemos más. Hasta podemos memorizar un par de cosas y hacernos los cancheros en la oficina.

La novela pivotea sobre varios personajes. Empieza con Art Keller, agente de la DEA, que como Sérpico se cuela en la familia capomafia de los Barrera, quienes conducen el negocio familiar que irán perfeccionando. ¿Hay algo novedoso? Nada que no hayamos visto antes en las pelis: la cuestión de la culpa y la redención; el amor torcido hacia la familia; traiciones, chanchullos (Winsolw relaciona directamente al cartel con el PRI, el partido que durante 70 años gobernó a México y que estuvo a punto de perder las elecciones en 1988...pero no: asesinatos y fraude y todo siguió casi igual); prostitutas de lujo (en este caso, su nombre es Nora: Kim Bassinger hubiera estado bien unos años atrás. Pero ya hizo su papel en L.A. Confidential). La destrucción de los Barrera se convertirá en una obsesión que anulará la vida privada de Art, quien no está todo el tiempo, pero es la línea medular en la que descansa el triunfo de la justicia (o la venganza: no me acuerdo); de nuevo, como en las pelis.


Y aquí está el quid: El poder del perro es una de esas películas contadas con efectividad, aún cuando sabemos, más o menos, un poco más o un poco menos, qué es lo que va a pasar y cómo va a pasar. La narración de Winsolw es muy visual. Sus cortes temporales son muy cinematográficos. Sus personajes son muy definidos. Gran parte de las resoluciones carecen de originalidad. ¿No la filmaron todavía?


Hay una escena que remite directamente a la película de Coppola (o a la novela de Puzzo). ¿Recuerdan cuando aparece la cabeza del caballo cortada entre las sábanas del renuente empresario a formar parte de los negocios de Corleone? (Si no se acuerdan, tienen un problema neurovascular). Winsolw introduce su homenaje con la cabeza cortada de un familar querido (no de él sino de uno de los mafiosos, en toda una lucha por el control de la torta), que es enviada al destinatario, congelada y por correo. Sí se trata de una gran escena, la verdad.


Vuelvo a la escritura: algunos pasajes tienen la belleza de un puñal al ataque. Quiero decir que no hay demoras en hacerse el estilista, sino que va a los bifes. Lo de Winsolw es el impacto y la rapidez. Y funciona. Y funciona muy bien a pesar de un deja vú. Funciona a la manera de las novelas de Hammett o de la mejor tradición de novela negra. Quizá El poder del perro sea esto: un cuchillo filoso que aparece ante nuestros ojos casi con la misma velocidad con la que desaparece.

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